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Quieren echar del colegio a un niño TDAH

Juan tiene 8 años y vive desde no hace mucho en Lalin (Pontevendra), aunque en su colegio ya le han dejado claro que no es bien recibido debido a sufrir TDAH, cuyo síntomas reflejan hiperactividad, hablar en exceso, dificultad para estarse sentado mucho tiempo, problemas de concentración, dificultad para estar relajado, dificultad para acabar tareas, comete errores por descuidos, le cuesta escuchar, pierde por olvido objetos, cambia frecuentemente de actividad, es impaciente, tiene dificultad para esperar su turno, actúa sin pensar, interrumpe, suele toquetear lo que se le ponga por delante, etc.

Por este motivo ya en 2015 los padres de los demás alumnos se pusieron en huelga, y durante varios días no llevaron a los niños al colegio, acudiendo así solo Juan y 2 compañeros acudieron a clase donde lo normal es que sean 25 alumnos, haciéndole que se sienta como un niño burbuja al que nadie quiere acercarse, y con ello empeorando la sintomatología y especialmente la autoestima del pequeño  que está desarrollando un trastorno depresivo con conductas negativitas.

Si esto no fuera poco, actualmente el colegio están recogiendo firmas para intentar echarle del centro ya que dicen que los niños con él corren peligro debido a los problemas y roces que surgen a diario, pero nadie ve lo que esta situación está provocando en Juan, que si alguna vez ha llegado a las manos con algún compañero ha sido por que ya estaba en su límite de aguante, quien conozca el trastorno sabe que no son niños que suelen pegar a la 1º,mas bien si lo hacen es ya a modo defensivo y debido a una explosión de impulsividad por ir aguantando lo mismo uno y otro día constantemente.

Como ya ha advertido la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH), este trastorno puede desembocar en problemas en las relaciones con los compañeros, disminución del rendimiento académico que suele desembocar en fracaso escolar y, debido a todo esto, pueden desarrollar síntomas depresivos y conductas negativas, que es lo ya está sucediendo, teoría que apoya Carme Fernández, directora de la Fundación Gerard por la educación inclusiva, explica que «simplemente es un niño que tiene una forma de relacionarse que no es la convencional o que molesta en la clase y que, como carece de los apoyos que tiene que tener, ha llegado al extremo», produciéndole con todo esto unas secuelas psicológicas que tardara en curar y que serán determinantes en  su personalidad cuando sea adulto.

Mientras su padre Manuel tiene muy claro que solo le queda luchar, aguantar e intentar llevarlo lo mejor posible, pues sabe perfectamente que quien peor lo está pasando es el niño y por él hay que sacar fuerzas de donde sea y hacer que este mal sueño acabe cuanto antes, que tuvo su comienzo en octubre del año pasado con un rumor que comenzó el director del centro, ya que ante la continuas quejas sobre el niño no le quedo otra que hacer un informe a inspección nada objetivo, ya que como siempre el problemático es mi hijo, el resto unos santos, y  sin decirme nada, le prometió a los otros padres que mi hijo se iba a cambiar a un colegio de educación especial pero, cuando los padres vieron que no era cierto, recogieron firmas y después convocaron una huelga».

Reconoce que el Inspector de Educación le sugirió dicho cambio de centro pero Manuel insiste en que firmó para entrar en la lista de espera «porque me dijeron que era muy larga y que, por si cambiaba de opinión más adelante, mejor que firmara ya pero insistieron en que el niño nunca se cambiaría del centro sin mi consentimiento».

Y a raíz de la huelga que hicieron los padres cambiaron muchas cosas «Juan tenía una cuidadora de apoyo con la que había evolucionado mucho pero, como ella defendía a mi hijo y decía que no era peligroso, empezaron a presionarla hasta el extremo de que aún está de baja por motivos psicológicos». Para sustituirla, trajeron a otra persona con la que Manuel no está satisfecho. «Cada vez que ve al cuidador, se pone muy nervioso porque le presiona demasiado. Mi hijo va a otro ritmo, tiene poca memoria a corto plazo y no puede recitar una lección que se acaba de aprender; solo hay que saber llevarlo y darle tiempo, con cariño»

Aunque reconoce que igual el niño puede imponer más por su constitución ya que mide 1.50 y pesa 60 kilos, y que si efectivamente se cae encima de otro niño puede hacerle daño, pero de momento la mayoría de los incidentes que ha tenido han sido leve y no ha ido a mas de te voy a hacer tal cosa y el mío decir pues yo te voy hacer mas, y como mucho en alguna situación contada escapársele la mano o algún empujón, al igual que se lo han dado a él, y desde luego que soy el 1º en defender que son cosas de niños y quienes sepan lo que este trastorno sabrá que son niños muy impulsivos pero que no tienen malicia.

Lo que más le duele no son esas cosas de niños sino las de adultos. «Parece que todos pensamos que nuestros hijos tienen más derechos que los de los demás». Y, sobre todo que el colegio no haya tratado de mediar entre las familias.
Actualmente, el niño sigue asistiendo a clase pero «no sé por qué todos los días tiene que tener un conflicto en el colegio cuando, antes de la huelga, no los tenía, y si los había se arreglaba hablando, no como ahora que lo hacen expulsándole unos días, como ha pasado a primeros de mayo, donde le pusieron un parte y expulsión de 15 días…».En anteriores colegios, había tenido «algún problema puntual de alteración de nervios pero bueno, lo habitual del TDAH», que precisamente por eso se le cambio, y estamos viendo que ha sido peor, ya que actualmente nunca quiere ir al cole, cuando antes era de lo que más le gustaba, intentando con ello quitarse al niño de encima, ya que es lo más fácil, en vez de comprender, hablar y ayudarle.

Por otro lado Carmen Fernández, psicóloga de la Fundación Gerad experta en la educación inclusiva, y a la cual la familia de Juan contacto con ella para que les ayudasen a manejar la situación, y se han convertido en un importante apoyo moral y legal.

Carmen tiene muy claro que aquí  «el problema no es el niño sino la escuela porque con las actuaciones y prácticas educativas no adecuadas que está realizando, solo ha hecho que el niño no reciba la atención que necesita por su diversidad funcional», e incite en que solo se trata de un menor que necesita apoyos en las habilidades sociales y que, si no los recibe, va a tener comportamientos que se salgan de la norma o que sean entendidos como no adecuados. «Lo que no puede ser es que en vez de recibir una respuesta educativa (como debe ser y como tiene derecho a recibir), sea solamente castigos, sanciones y expedientes disciplinarios, que es lo que está sucediendo desde el mes de octubre»,

Aquí lo único claro es que el centro está contradiciendo la Convención de la ONU de los derechos de las personas con discapacidad porque «abrir un expediente disciplinario a un niño por tener un comportamiento inadecuado cuando no se le ha enseñado un comportamiento alternativo, va en contra de sus derechos que precisamente habla de la accesibilidad al aprendizaje de esos comportamientos». La directora de Fundación Gerard considera que esta actuación «raya la ilegalidad» y por ello están tratando de que «esta actuación se erradique porque es totalmente reprobable», los niños con diversidad funcional tienen derecho a recibir apoyos educativos individualizados y a tener acceso a la educación ordinaria. Aunque Carme opina que «para algunos centros, parece que es más cómodo ‘deshacerse’ del niño y no tener que hacer planificaciones o diseñar estrategias».

Sin embargo, el de Juan no es un caso aislado, la Fundación Gerard lleva desde el año 2010 ayudando en la gestión de casos similares en todo el territorio nacional.

Para Carmen los auténticos protagonistas que han creado el conflicto son algunos profesionales de la educación, que no se sabe muy bien como están tratando con niños cuando no saben tratar los problemas de aprendizaje que estos pueden presentar, dando así una mala praxis de la educación  y haciendo omisión de responsabilidad educativa que muchas veces es debido a desinformación o por falta de interés en ayudar a un menor, ya que todos sabemos es más fácil echar la zancadilla y echar piedras que ayudar al levantarse del suelo, quitar polvo, curar heridas, dar la mano y hacer todo lo posible para que la persona olvide la caída y vea que no siempre acaba igual.

Tampoco se puede permitir que «la administración educativa consienta que unos padres hagan huelga para echar un niño de 8 años y con diversidad funcional por TDAH, porque eso tiene muchísimo peligro y se puede trasladar a otros ámbitos de la Sociedad. ».

La psicóloga defiende la desaparición de los centros de educación especial y la educación inclusiva como derecho fundamental. «La Convención de la ONU insta a los estados que la han ratificado a acomodar sus leyes y normativas a este derecho. Y a pesar de que España ratificó esto en 2008, desde entonces creo que vamos a peor. Se está instalando un modelo que no es para nada inclusivo sino que son aulas específicas dentro de centros ordinarios. Y eso no es inclusión».

«Hoy en día, la Ley dice que son los técnicos de la Administración Educativa los que deciden si el niño tiene que ir a un centro especial o ordinario pero si tenemos en cuenta que esta Ley, aunque legal, es ilegítima porque está contradiciendo un Tratado Internacional o Leyes específicas de la discapacidad».

Por suerte, en los últimos años se han producido una serie de sentencias judiciales favorables a la inclusión (como, por ejemplo, la de febrero de 2016 en la que se reconoce a una niña autista el derecho a una educación inclusiva) porque las familias están empezando a denunciar y se está creando precedente.

Sin embargo, aún queda mucho por andar hacia la inclusión. «Lo que no puede ser es que la actuación educativa adecuada dependa de la voluntad de las personas que en ese momento están en ese centro educativo. La Administración tendría que tener mecanismos de seguimiento, evaluación y puesta en marcha de los recursos que fueran necesarios para que estos apoyos que necesita el niño se efectúen con total garantía».

Lo que tiene que tener claro los colegios, profesionales de la educación  y en general la sociedad al completo es que la educación inclusiva ayuda a todos los niños, tengan o no problemas, ya que hay una serie de aprendizajes, no solo de valores, que no se pueden realizar si no convives en grupos heterogéneos donde haya una diversidad.

Aunque se habla de diversidad funcional pero hay que saber de ante mano que todos somos diferentes en cuanto a convivencias, conocimientos y riquezas de culturas que hacen que la convivencia sea de múltiples diversidades.

Carmen hace un llamamiento a los padres que hacen lo imposible y buscan la manera más retorcida de separar a sus hijos de un compañero por tener alguna discapacidad o problema, que tengan claro que están transmitiendo a sus hijos un mensaje demoledor: Cuando alguien no está dentro de los cánones que nosotros consideramos normales o convencionales, esa persona es susceptible de ser apartada. Y si alguien te molesta, te quejas y que se vaya a estudiar otro centro. Y  cuando estos menores crezcan tendrán el mismo comportamiento, pensando que así es lo correcto.

Mientras la directora del colegio no se pronuncia en absoluto, el inspector solo dice que está intentando arreglar el problema hablando con la delegación de la consejería de educación de Galicia, y esta que a ellos no les ha llegado nada, y que si el niño está escolarizado con normalidad se deberá guiar por el plan de convivencia, obligaciones y mismos derechos que sus compañeros.

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2 comentarios

  1. Los problemas personales no se pueden hacer extensivos a los demás, no es justo que niños con comportamiento correcto tengan que sufrir las consecuencias de comportamientos incorrectos, se deban estos a una enfermedad, a una educación u otros motivos.. Para ayudar a uno no se puede fastidiar a muchos.

  2. La.verdad estas mal con tu.comentario pero.bueno cada quien.es libre de decir lo.que.quiere pero.por personas asi estamos.como estamos

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